Crítica de Minimal Hits en Tomajazz


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Que en muchos festivales de jazz abunden las propuestas pop-rockeras en las antípodas del jazz y con la intención de “hacer sostenible” el certamen, dicen, es por desgracia un fenómeno habitual desde hace muchos años. Una cosa es tener una concepción abierta del jazz —servidor aborrece las definiciones reduccionistas del género— y otra es poner de cabeza de cartel a Elton John, por no hablar de las sesiones playeras de artistas pop de moda en el contexto de un importante festival de jazz —“no está mal esto del jazz”, le comentó un chaval borracho que venía de escuchar a Vetusta Morla a quien suscribe estas líneas—. Curiosamente, pocos festivales de pop-rock, por no decir ninguno, se atreven a poner en su cartel a artistas procedentes del jazz, aunque se trate de propuestas que en muchas ocasiones no distan tanto del universo pop. Minimal Hits podría perfectamente encajar en un certamen jazzístico cuya “sostenibilidad” requiriera la presencia de un artista “rockero” y en un aquelarre “indie” con un mínimo de imaginación y generosidad, que ya es mucho pedir. Porque el respetable que abarrotaba el pequeño local de la asociación cultural El Arco de la Virgen, un placer en tiempos de alarmante crisis de público, no se parecía en nada al tópico del “glamour” jazzístico. A nadie le asustó, un viernes por la noche, ir a escuchar una formación en apariencia tan poco ortodoxa: voz y contrabajo.

La joven Carola Ortiz, vocalista y clarinetista de las novísimas generaciones del jazz nacional, volvía a la faceta de cantante, tras dos años centrada en tocar el clarinete para proyectos vinculados a las músicas improvisadas. Por su parte, Juan Pablo Balcázar, ya de por si con tendencia a la hiperactividad, pasa por uno de los momentos más prolíficos de su carrera, con la reciente aparición de un primer disco en formación de trío —Rain (Fresh Sound New Talent)— y fecundas colaboraciones con, entre otros, el rapero Kase O. Tanto Ortiz como Balcázar comparten la curiosidad por mezclar sin ambages músicas de procedencias diversas desde una misma unidad estética, a años luz del pastiche. La propuesta de Minimal Hits atrapa desde el primer momento, no solo por el buen gusto ecléctico del repertorio —de un estándar de los Gershwin, “But Not For Me”, al popularísimo “Drive My Car”, de los Beatles, pasando por piezas de Djavan, Lauryn Hill o Björk—, sino por como abordan un material tan variado. Balcázar adopta un papel protagonista en la sombra, de hombre orquesta, con un conjunto de patrones cantarines y cadencias seductoras que acompañan a una voz también llena de matices. Los registros de Ortiz empastan con el deje rítmico de Balcázar gracias, en gran medida, al carácter casi actoral que adopta y al despliegue de una técnica vocal depurada, que no acrobática.

Como en formaciones similares, en el dúo marciano de Gorka Benitez y David Xirgu, o en el trío de Mina Agossi con Eric Jaquot e Ichiro Onoe, por poner dos ejemplos, cualquier atisbo de espacio vacío desaparecía por la vía de la cadencia y la solidez de unos solos bien trenzados. Balcázar y Ortiz improvisaron con desparpajo: el colombiano interpretando solos minuciosos y de lucimiento, la tarrasense combinando la voz con el clarinete y el clarinete bajo. En los solos y acompañamientos ocasionales con los clarinetes, Carola Ortiz mostró una soltura nueva, según parece pulida en los dos últimos años. Cabe destacar también la presencia casi espontánea de Xavi Ortiz, padre de Carola Ortiz, en un estándar en el que se marcó un solo vocal de aúpa.

Si en la primera parte dominó un tono en ocasiones calmoso, con una mayor profusión de solos, en la segunda se optó por desgranar un repertorio más rítmico e, incluso, festivo, con la participación incorporada del público en el tramo final del recital. Una mayor unidad entre ambos contextos y les aseguro que esta propuesta tiene recorrido para largo, ya sea en salas o festivales de jazz y de pop-rock con mentalidad receptiva o en espacios como El Arco de la Virgen, donde la cultura campa a sus anchas sin prejuicios ni cortapisas, como debería de ser siempre.

Texto: © Martí Farré,  2013

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